En una habitación, tan vacía, tan fría… El ayer, repleto de ventura, admirando cada momento, cada caricia, cada destello…
Tímidas caricias dibujadas en un cuerpo, fueron razón de sentimientos, caricias certeras corrompían difusamente con el deseo de llevar más allá ese suspiro que brotaba de lo mordaz, y que a paso lento devoraba cada partícula, cada milímetro de piel, removiendo a su paso uno por uno cada lunar, despojando obstáculos culminaba con ese mismo suspiro: suspiro carente.
Interminables las caricias, faltantes los suspiros, el hoy no es paralelo al ayer…
No hay comentarios:
Publicar un comentario