Encaro mi reflejo, hojeo al pasado y sacudo los sentidos,
extraña sensación al ver que los días vuelven a ser los mismos,
mismos
pensamientos, misma incertidumbre.
Encaro al tiempo y a su vaivén, constante balanceo de
emociones
que envuelven sutil el deseo de parar tajante el ascensor de los
años,
de cortar completo el temor a dejar de ser,
a perder la fragilidad del
silencio.
Encaro a la niña que soñaba,
enfrento el parlante anhelo de
arrebato voraz por sacudir las ganas,
de correr tras absolutamente todo lo que
moviera el alma.
Encaro a la mujer que desganada avanza con el rumbo a
medias,
temerosa del porvenir, contrastante remadora de sinsabores, de
desespero.