El silencio se apodera de estos cuatro muros... A lo lejos, y distorsionadamente, se escucha el ladrido de un perro quizá hambriento; movimiento fuera, una ciudad despierta, dominante...
Ya demasiadas vueltas a la cama, la intranquilidad permanece, la ansiedad toma de nuevo aquel pensamiento que sin más, es capaz de mutearlo todo para dejar un zumbido constante, agonizante; ese eterno avance de manecillas, a poco crece, se agudiza marcando incesante el tiempo, manecillas que jamás retroceden, manecillas que se mecen en un inmenso tic tac./. imparable tiempo, irreversible tiempo...